Iota toma prestado su nombre y su forma del alfabeto griego. Una vuelta a lo esencial del lenguaje, un diálogo atemporal. Sobre una mesa, una consola, un escritorio, la delicadeza del objeto se revela cuando la luz acaricia esta radicalidad.
Iota toma prestado su nombre y su forma del alfabeto griego. Una vuelta a lo esencial del lenguaje, un diálogo atemporal. Sobre una mesa, una consola, un escritorio, la delicadeza del objeto se revela cuando la luz acaricia esta radicalidad.